
Con mucha tristeza debo contarles que mi amada perrita, Hotaru, es una estrellita más en el cielo... tenía un tumor en la boca que le estaba molestando muchísimo y el 6 de junio tomamos la decisión de que no sufriera más. Ese día, hasta que decidimos llamar al veterinario para contarle nuestra decisión, estaba sufriendo más que nunca: no podía casi respirar, no encontraba ubicación, hasta vomitó sangre... no les puedo contar lo que me impresionó eso, me arriesgo a decir que fue como un litro de sangre el que despidió por su boquita...
Como siempre nos dice nuestro veterinario cuando tenemos que tomar estas horribles decisiones: vivió como una reina, tuvo todo lo que quiso, no es justo que sufriera de esa manera.
Pensé que me moría cuando llegó el vete y comenzó a preparar todo... me puse a llorar como nunca en mi, porque Hotaru era, en realidad debería decir es, mi vida. No me malinterpreten, AMO a TODOS mis animales más que a nada en el mundo, pero mi Hotaru era especial, era mi alma gemela, nos entendíamos sólo con la mirada...
Lo que me pone feliz es que ahora está con Inochi, Serena y Miwa, sin ese tumor maldito ni con su artritis, la que a veces no le permitía caminar, correr o saltar como tanto le gustaba y que en marzo de este año pudimos llevarla otra vez a Mar del Plata, una ciudad en la costa atlántica, para que viera por última vez el agua... ¡y cómo se divirtió, no se los puedo explicar!
Se que ustedes me entenderán, pero todavía no puedo reponerme a su pérdida, todavía lloro cuando pienso en ella, es que con Hotaru compartíamos todo y no me acostumbro a que no me reciba cuando llego del trabajo, entre otras cosas tan comunes...
En homenaje a mi princesa me hice este tatuaje una semana después:
Arriba dice su nombre en los idiogramas japoneses (kanjis) y abajo dice "watashi no hime" que significa "mi princesa".
Te amo mi amor, se que no voy a encontrar otro ser como vos nunca.